Category: Pintura

ilouvretheprado

Confieso que no me acostumbro a mirar videos de artistas del siglo XX en Internet. Cada vez que tropiezo con una entrevista a Duchamp, o con un fragmento de Kandinsky, quedo tan maravillada como lo estarían mis abuelos o el propio Pablo Picasso ante la televisión* Esta fascinación es consecuencia de mi antiguo cerebro, ese que estaba acostumbrado a estudiar historia del arte con los apuntes de Almudena, y los libros de la biblioteca, y que veía además, como cosa de privilegiados -y poliglotas-, acceder a los archivos museísticos donde cabría encontrar este tipo de documentación.

En el video que adjunto, vemos a Richard Hamilton junto con la responsable de la exposición “Las Meninas de Richard Hamilton “, comentando el origen de este proyecto: “…como mucho de los trabajos que he realizado, es consecuencia de un encargo más […]  Se trataba de homenajear a Pablo Picasso en su 90 cumpleaños. ¿Cómo se puede homenajear Picasso?…es imposible” ríe.

Llama la atención, no obstante, que en repetidas ocasiones se refiere a su trabajo de artista, como “trabajos de encargos”, alejándose, de alguna manera, de la imagen de genio frívolo que envolvían a muchos artistas pop. De hecho la proyección de Hamiltón va más allá del pop (teórico, diseñador industrial, gráfico, pintor…) Escribía Hal Foster en un Artforum de hace un par de años, que Hamilton era el último pintor vivo que nos quedaba; que a diferencia de Warhol o Lichtenstein, él no había copiado las formas publicitarias que engloban al arte pop, si no los mecanismos del deseo que estos encerraban. La preocupación del pintor, continuaba el crítico americano, era crear un nuevo lenguaje pictórico que asimilara la influencia de la alta y baja cultura sin que éstas se diferenciaran.

En otro momento del video, le preguntan si está feliz de que su trabajo se encuentre en el Museo del Prado, “es un sentimiento cercano al éxtasis” responde, mientras alza la vista con pleitesía. La risas continúan rememorando su casa de Cádaques, “una ruina”, o recordando momentos del proyecto que ya había olvidado: “Ah, veo que me coloqué junto con mi esposa en el primer estudio. Siempre pensé que lo había hecho en el último”. Y se le escapa otra sonora carcajada, que tiene su gracia porque minutos después se hablará de los egos de Picasso y Velázquez.

Creo que podría mirar este video durante horas, tanto por la amabilidad que desprende Hamilton, como por la preciosa luz blanca que lo envuelve. Blancura que expresa, además de conocimiento y bondad, ese tiempo irreal que transcurre en los museos donde se mezcla continuamente lo eterno y lo perecedero.

Y ahí está ese perro, al que el cámara encuadra con toda la intención, y que parece haberse salido del cuadro (gracias a la maestría de Velázquez) para sentarse entre los dos interlocutores y seguir tranquilamente la charla, como hacemos tú y yo.

 

Richard Hamilton en el Museo del Prado

Una conversación entre Richard Hamilton y Manuela Mena

*Picasso TV: 30 de junio 16 noviembre, 2014. Museo Picasso Málaga, aquí

Del cuadro al fotograma

Dies Irae, Carl Dreyer (1943)

Dies Irae, Carl Dreyer (1943)

Podría ser una imagen sacada de un lienzo del siglo XVII holandés. Formar parte de  unos de esos cuadros que tan sabiamente recogieron y poetizaron los detalles anodinos de la existencia de la mujer: cuando se acodaba en una silla, leía una carta o miraba distraída un momento cualquiera de la blanca mañana. Pero, pese a todas las características formales que se le son aplicables (la cotidianidad del gesto, la vestimenta o la misma ventana), el trasfondo de este fotograma, su expresión vital, está muy alejado de la calma y quietud que el universo femenino holandés suele transpirar.

Si nos detenemos en la luz, observaremos que pese a ser clara, ni difumina, ni colorea los contornos (como pasaba en la escuela flamenca), sino más bien perfila las facciones del rostro ocultándonos su mirada, la cual presentimos oscura y turbia, como las sombras que la enmarca. Ella además mira de soslayo, entregada completamente a lo que está pasando fuera de esos muros. La atención está en la calle, en un verdadero contraste con los cuadros flamencos, donde el motivo de interés está única y exclusivamente dentro del cuadro: nada de lo que provenga de fuera parece interesar a aquellas mujeres absortas en sus tareas, lejos del mundo que las rodea, pese a la amplitud y apertura de sus ventanales…

No puedo dejar de recomendar Dies Irae, y más en estos días de procesiones y vigías que nos recuerdan nuestros pecados y ofensas, pero también nos redimen de ellas. Es una obra maestra, llena de contraste, de luces y sombras, donde cada uno de sus personajes merece ser tanto salvado, como condenado, como cualquier hijo de vecino.

 

Malevich

Malevich y la Vanguardia Rusia, Stedelijk (Amsterdam)

Malevich y la Vanguardia Rusia, Stedelijk (Amsterdam)

“Esta pared es la que más me gusta. Es curioso, si te fijas en el cuadrado, en el cuadro, que es una cruz negra, no es simétrico al 100%. Me encanta ese contrapunto, ¿por qué será? Pasa con más obras, ¿unicidad ?. -Ni idea, quedan tan lejos las clases de historia del arte.”

“Negro, negro, rojo, negro, amarillo.”

“No le entiendo muy bien, pero me gusta algo. Entonces esto es arte, para vosotros es arte, verdad? A mí me parece que al artista se le va un poco, pero no sé mola, tiene como coherencia. ”

“ Esta silla, ¿escultura u objeto?”

“¿Qué fue antes el Constructivismo o el Suprematismo? Ah, espera, el Constructivismo primero, y luego el Suprematismo que es lo mismo pero en pintura”

“palo, cuadrado, círculo, círculo, cuadradito”

“Se inició con las ideas del pintor Kasimir Malévich, quien promovía la abstracción geométrica y el arte abstracto, en búsqueda de la supremacía de la nada y la representación del universo sin objetos. El Suprematismo rechazaba el arte convencional buscando la pura sensibilidad a través de la abstracción geométrica…”

Anciana leyendo

Anciana leyendo o La profetisa Ana (1631), Rijksmuseum, Amsterdam

Anciana leyendo o La profetisa Ana (1631), Rijksmuseum, Amsterdam

CARLOS, el del pelo blanco, una tarde muy tarde en la biblioteca intentaba que mi análisis de la imagen fuera más allá del texto que acompañaban a las ilustraciones. “Que te olvides de las características. ¿Tú qué ves ahí?…” La verdad era que no me atrevía a mirar por si no veía nada.

Ahora frente a Anciana leyendo (1631) de Rembrandt, he decidido pararme y mirar. Dejando a un lado lo que dice el rotulo, tengo la sensación de que Rembrandt ha querido establecer aquí una especie de paralelismo, entre la anciana que lee las sagradas escrituras aprovechando las últimas luces de la tarde (¡), con el espectador que también mira o lee,  lo que la luz del cuadro le permite ver. Me gusta pensar que el pintor pretendía trasladar a la pintura lo mismo que ocurre cuando nos quedamos de repente a oscuras en una habitación que estaba muy iluminada.

Al principio no vemos nada, pero una vez el ojo se ha acostumbrado a la oscuridad, empezamos a ver nuevamente los objetos que habían quedado ocultos, dándonos cuenta de que el rostro de la anciana, que antes nos parecía borroso, está sólo ensombrecido y tratado con tanto esmero como su mano.

Ubuweb o Todos los libros que me faltan por leer


UNA navegando por Ubuweb se encuentra con una joya documental como esta: la inauguración de “Responsive Eye” en el MoMA . La exposición es sobre Op Art y la película la grabó Brian de Palma en 1966. Merece la pena recorrer las salas acompañada por el comisario y Rudolf Arnheim, así como ver el ambientillo del museo con todas esas señoras tan arregladas y extravangantes, y algún que otro, albañil metido en faena.

Lo mejor: un jovencísimo David Hockney comentado que detesta todo lo que ve. Todo en 26 minutos. Imprescindible!